LO MISMO PERO VAGONERO

LO MISMO PERO EN EL TIANGUIS

LO MISMO PERO EN ANIMÉ (O LO MISMO PERO EN “MADRE PIRATA”)

LO MISMO PERO CINE MEXICANO

LO MISMO PERO COREANO

LO MISMO PERO DE OFICIO

La Cámara de Diputados mexicana y posteriormente los senadores aprobaron recientemente, aunque después de muchos años estancada, casi 9, una serie de reformas que permiten que la Procuraduría General de la República (PGR) persiga de oficio a quienes incurran en prácticas de piratería. Es decir, se podrá perseguir, sin denuncia de por medio, a quienes participen o colaboren en la producción, almacenaje, transporte, introducción al país o venta de objetos que ostenten la falsificación de marcas: piratería.
Los castigos por ejercer este trabajo, la piratería es parte importante de la economía informal del país, serán castigados con una pena de seis meses a seis años de prisión, y multas que van de 5 mil a 30 mil días de salario mínimo.

Los Trabajadores sin Salario Patronal, entre otros representantes de los trabajadores informales, han visto en esta ley el último de los ataques a su medio de supervivencia y están tratando de movilizarse en la reivindicación de sus derechos como trabajadores, hasta tal punto que por primera vez en su historia se manifestaron juntos el día 1 de Mayo. Esta ley, sin duda, traerá cambios en el trabajo informal, pero, ¿y en el consumo informal?

El Senado desechó el borrador remitido por la Cámara de Diputados que consideraba aplicar sanciones administrativas a quien se sorprenda adquiriendo productos pirata. Ciertas estadísticas dicen que en el 2009 ocho de cada diez  personas compraron pirata. Si se hubiese aprobado esta reforma el 80% de los mexicanos se hubiese convertido en delincuente.

LO MISMO PERO GENTRIFICADO

Cuauhtemotzin: “Con la fuerza, bravura y resistencia del Pueblo del Sol, se mantuviera vivo nuestro fuego y que se continuara luchando al amparo de nuestro destino…”

Carlos Slim: “Trabajemos todos juntos para tener un Centro Histórico vivo, restaurado, seguro, limpio, activo, con una sustancial mejora socio-económica de sus residentes, para que no sólo estemos orgullosos de nuestro pasado, sino, sobre todo, de nuestro futuro”.

Ciudad de Mexico, como ya ha sucedido en otras grandes ciudades globales, está viviendo su propio proceso de gentrificación: la sustitución de la clase habitante de los barrios populares por clase media-alta. Hay varias formas de ejercer esta ofensiva, pero casi siempre pasan por una degradación del lugar permitida por las autoridades y una “recuperación” a partir de iniciativas privadas, también autorizada. La gentrificación genera dos fuerzas, la centrífugua que expulsa a los antiguos moradores del barrio hacia la periferia y la centrípeta, que atrae al centro a clases economicamente más dotadas. El resultado de estas fuerzas son barrios similares que, despojados de su personalidad, se convierten en no-lugares globales.

En el centro de la ciudad, de los distintos barrios que lo conforman, el Centro Histórico esta viviendo aceleradamente este proceso. Carlos Slim, una de las dos personas más ricas del mundo, ha comprado gran cantidad de inmuebles y a través de la Fundación del Centro Histórico propone el “rescate del Centro Histórico de la Ciudad de México”. Hay vecinos que no quieren pagar semejante rescate, el debate ha empezado, aunque las inmobiliarias lo hicieron antes.

Pero hay una aldea que resiste ahora y siempre al invasor: Tepito, junto a la Merced y la Lagunilla son los barrios del centro que se resisten a ese proceso. Los irreductibles del barrio bravo saben que hay por lo menos tres formas de resistencia al invasor.

La mística y mítica: desde Cuauhtemoc que murió atrapado por los españoles en lo que ahora es Tepito -preconizando el destino de sus habitantes- hasta el amedrentador, para el profano, culto a la Santa Muerte.

La cultural: el barrio sigue siendo uno de los ya escasos barrios populares del centro de la ciudad cuyas particularidades has sido objeto de estudio internacional por diversas clases de investigadores sociales, cineastas y artistas.

La económica: tradicionalmente comerciantes, sus habitantes, generadores de su propio empleo, han sabido moldearse a los distintos ciclos económicos y ganarse su independencia económica; del baratillo al Tepito global que importa containers de China.

Estos poderes, dosificados y combinados en la gran caldera que es la vecindad, les han dotado de una gran conciencia e identidad en convivencia no siempre armónica, pero unida ante el invasor. Tepito forma parte del perimetro B del centro de la ciudad y sabe que el terreno que ocupa su aldea es codiciada por los romanos.

El documental ¿De quién es el centro? de Boris Gilsdorff, Steffen Mayer, Raphael Schapira expone el antes y el después del 12 de octubre de 2007, fecha en que el perímetro A es “liberado” de vendedores ambulantes. Tras pactar el desalojo, algunos grupos de vendedores se retiran hacia las plazas comerciales que les ofrece el GDF, o en su defecto, hacia nuevas zonas de ocupación informal.