
El mundial ya ha llegado al centro de México y las tiendas y los puestos exhiben mercancía ligada al campeonato de fútbol de forma exuberante. Desde llaveros con las tres mascotas hasta maquetas en miniatura del Estadio Azteca. Aunque lo más evidente es la venta de réplicas de playeras de la selección nacional. Las hay desde 250 pesos, una réplica Doble AA, es decir, indetectable del original, con etiquetas y bolsas de Adidas acompañando el producto, hasta las de 100 pesos, que no tienen ni el escudo en relieve ni las etiquetas con los logos de Adidas; se trata más bien del diseño de la playera de la selección sublimada en tela. Lo mismo pero más barato.
La piratería es buena distribuyendo desde objetos a contenidos realizados fuera del circuito. Los llaveros y mochilas de capibara en la ciudad tienen un recorrido esencialmente informal. La imaginación y productividad de la piratería en relación a modas informales compite directamente con canales formales.
Pero donde la piratería explota su potencial de producción y distribución es en la democratización de un evento oficial, y todo el merchandising que puede llegar a producir, sea este oficial o inventado por los piratas. En menos de una hora y con 1000 pesos compré 5 playeras de la selección nacional. Están los tres modelos, el oficial verde, y los secundarios, negro y blanco. En distintos precios y calidades, pero los tres modelos.
Los distintos modelos que compré son todos diferentes, lo que nos habla de los distintos talleres o fábricas que los producen, aquí en el país o en China. Así como de los distintos canales de distribución y la democratización del acceso y el precio. Mientras que las playeras oficiales pueden estar alrededor de los 1500 pesos la piratería ofrece decenas de versiones en distintos rangos de precio. Para que un container de playera pirata inunde el centro de la ciudad, capitales privados e intereses estatales se coordinan de formas creativas. Democracia capitalista en estado puro.
El fútbol vive con la contradicción de ser el deporte más popular del mundo, mientras los capitales a su alrededor son muchas veces aportados por conglomerados de capital riesgo. Si antes los propietarios de los clubes eran personajes locales íntimamente ligados a la tradición del equipo ahora lo pueden ser empresarios estadounidenses o asiáticos. El fútbol es un negocio global donde puedes doblar la inversión millonaria de un jugador en pocos años. Como con el arte contemporáneo.
La FIFA lo sabe y ha organizado el encuentro con más equipos de su historia. Cuanto más dura el evento más dinero produce, más allá del agotamiento de los jugadores. Gregarios de extremo lujo que explotan el modelo financiero del fútbol: más grande, más rápido.
Como ocurre cada seis años con las elecciones presidenciales, el país se une cada cuatro con el mundial; buscando la esperanza de estar en el equipo ganador, la selección nacional. Como en toda selección los mejores, o en realidad los elegidos, representan, presuntamente, toda la idiosincrasia de un país. 22 jugadores resumen 131 millones de habitantes. Patear una pelota es una de las formas mayoritarias de convergencia.
O lo era, los excesivos precios de las entradas a los partidos del mundial fueron noticia en su lanzamiento. Como otros productos financieros el fútbol lejos de ser popular es un objeto de lujo. Pero es entonces, para contrastar el modelo original y vertical del evento-producto oficial, cuando la piratería emerge para proporcionar acceso a las distintas formas de deseo.
Es difícil renunciar a la épica de un evento en el que confluyen intereses privados y estatales, con tanta afirmación popular. La doctrina del shock de semejantes eventos permite agencias que solo se producen en eventos traumáticos, como las guerras. Corporaciones y estados aprovechan estos eventos para regenerar su jerarquía. La energía de lo popular capitalizada.
Mientras que el original corporativo-nacionalista nos ofrece un producto fuera del alcance masivo, la piratería globalizada nos da acceso a formas de producción, distribución y venta que alcanzan a todos los niveles de la sociedad. Lejos de una selección única la piratería nos permite estar a todos en la selección. La pitatería es democracia.








